Atención involuntaria vs atención voluntaria

05 Abr

Atención involuntaria vs atención voluntaria

Estoy segura de que os habréis preguntado muchas veces por qué los niños y adolescentes son perfectamente capaces de concentrarse —y hasta obnubilarse— cuando ven la televisión, pero les cuesta mucho esfuerzo concentrarse en sus tareas o escuchar una simple serie de instrucciones.

Más allá de la diferencia en la motivación entre una cosa y otra, que también influye, os voy a hablar de una de las razones principales: cuando ven la televisión interviene la atención involuntaria, y cuando realizan las tareas lo hace la atención voluntaria. Además, dependiendo del tipo de atención que esté presente, utilizamos una ruta cerebral u otra, lo que implica que necesitaremos mayor o menor esfuerzo para realizar cada actividad.

Acaparadores de la atención

Antes de nada, es importante tener en cuenta que muchos medios digitales están especialmente diseñados para ser perfectos acaparadores de la atención. La exposición de los menores a ellos supone muchas veces estar sometidos a una sobrecarga sensorial y sobreestimulación importante: la incesante avalancha de estímulos, las imágenes, los colores, la intensidad y la rapidez con la que aparecen compiten para acaparar su atención.

Asimismo, estos acaparadores proporcionan premios inmediatos, lo que los hace aún más atrayentes e incita a querer más. La atención que capturan los medios digitales se llama atención involuntaria, y es necesario que los niños vayan desarrollando el control cognitivo para potenciar la atención voluntaria y conseguir, con el tiempo, ser capaces de concentrarse, saber esperar y controlarse.

Atención involuntaria

La atención involuntaria se caracteriza por no requerir ningún esfuerzo: responde de forma automática a un estímulo intenso. Según Lucy Jo Palladino, sus características son las siguientes:

  • Pasiva: el niño o adolescente se encuentra en modo pasivo-receptivo.
  • Impulsada y controlada por estímulos externos.
  • Reactiva: surge en reacción a un estímulo externo.
  • Reflexiva: determinada por las propiedades de los objetos —imágenes, sonidos…— que atraen eficazmente la corteza sensorial del cerebro.
  • Impulsiva: obedece a una señal.
  • Capturada: sigue de forma involuntaria a los estímulos más potentes del entorno.
  • Continua.

En la atención involuntaria intervienen las partes más antiguas y primitivas del cerebro, las que generan atracción hacia la emoción, el poder o la posición social, y nos alertan de posibles peligros. Las rutas neuronales de abajo-arriba son las que sustentan este tipo de atención, lo que explicaría por qué respondemos de forma automática a estímulos muy intensos que excitan nuestros sentidos o despiertan nuestras emociones, como las apps, los videojuegos o la televisión.

Atención voluntaria

Por el contrario, la atención voluntaria tiene como característica principal que requiere esfuerzo: es necesario ejercer voluntariamente ese esfuerzo para dirigir la atención. Según Lucy Jo Palladino, sus características son:

  • Activa: el niño o adolescente se encuentra en modo activo.
  • Dirigida por uno mismo: se origina con un esfuerzo propio.
  • Volitiva: fruto de un acto de voluntad.
  • Intencionada: determinada por los objetivos personales.
  • Deliberada.
  • Asignada.
  • Solo posible como resultado de un esfuerzo consciente.

La atención voluntaria se origina en partes más nuevas del cerebro y activa la corteza prefrontal, ayudándonos a alcanzar nuestros objetivos. Supone una decisión consciente de prestar atención a lo que queremos atender, y no a otros estímulos. Las rutas neuronales de arriba-abajo son las que la sostienen.

Entonces… ¿qué hay que hacer?

En realidad, en la mayor parte de la actividad humana utilizamos ambos tipos de atención prácticamente al mismo tiempo. Nuestro rendimiento será mayor cuando la atención involuntaria y la voluntaria trabajen juntas, como un equipo. Aunque no lo parezca, la atención involuntaria también tiene su parte buena: los estímulos que atendemos de forma automática pueden evocarnos recuerdos, aportarnos ideas o fortalecer nuestro interés en algo, e incluso pueden llevar a que acabemos recurriendo a la atención voluntaria.

Por ejemplo, imaginad que un niño está viendo sus dibujos favoritos en televisión —atención involuntaria— y una imagen en pantalla le recuerda a un personaje de un episodio anterior e intenta, de forma deliberada, recordar su nombre. En ese momento está realizando un acto de atención voluntaria. Del mismo modo, un niño haciendo las tareas del colegio —atención voluntaria— puede ver una foto en el libro que capta su interés y le sugiere una idea para un ejercicio: su atención involuntaria ha intervenido para ayudarle.

Sin embargo, si los niños tienen una atención voluntaria débil y sin objetivos claros, la atención involuntaria les conducirá hacia los estímulos más intensos de su entorno, fortaleciendo las rutas neuronales de abajo-arriba con el paso del tiempo. Esto hará que se distraigan más fácilmente y les cueste más concentrarse en las tareas que requieren esfuerzo. Por todo ello, resulta necesario potenciar la atención voluntaria para que sean capaces de centrar la atención de forma consciente en las cosas importantes, sin dejarse arrastrar por los acaparadores de su entorno.

Cómo potenciar la atención voluntaria

Existen muchas formas de trabajarla, pero aquí os dejo algunas de las más importantes:

  1. Controlar el uso de los acaparadores de la atención: desde gestos sencillos como no tener la televisión encendida de fondo hasta establecer un horario de uso de pantallas.
  2. Fomentar el hábito de lectura desde pequeños: la lectura ayuda a aumentar la capacidad de concentración y, por lo tanto, mejora la atención voluntaria.
  3. Facilitar un espacio de estudio libre de distractores: tener un lugar específico para las tareas es esencial. Debe ser un espacio ordenado y organizado, algo que les aportará estructura y calma.
  4. Ayudar con las transiciones: a los niños les cuesta mucho pasar de una actividad que les encanta y no les requiere esfuerzo, a una que les exige más. Avisarles con tiempo, regular los horarios y mantenerlos calmados en esos momentos les ayudará mucho.
  5. Asegurar los descansos: es importante que realicen pausas cortas que les permitan respirar, pero que no sean tan largas como para que se desconecten en exceso.
  6. Ayudarles a establecer metas y objetivos: tener un objetivo claro es fundamental para la motivación. Si el objetivo es demasiado grande, conviene dividirlo en pasos más pequeños para que no lo vean demasiado lejos y no se desmoralicen.
  7. Vosotros sois su mayor ejemplo: cuando ellos tengan que hacer las tareas, intentad estar cerca realizando también alguna actividad que os requiera esfuerzo, como leer o trabajar. Que os vean así les ayudará a percibirlo como algo normal, y se sentirán capaces y acompañados.

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