Objeto transicional o de apego

22 Abr

Objeto transicional o de apego

Seguramente os hayáis fijado alguna vez en que muchos niños pequeños llegan a tener algún objeto material que es muy especial para ellos. Tan especial que desarrollan un gran vínculo emocional hacia él, convirtiéndose en algo muy importante y valioso.

El término objeto transicional fue acuñado por Winnicott, pediatra, psiquiatra y psicoanalista inglés, en su libro Realidad y juego. Con él quiso hacer referencia a esos objetos materiales que llegan a representar a la madre y/o a sus figuras principales de apego. En esta entrada os contaré todas sus peculiaridades para que podáis conocer un poco mejor a estos objetos tan importantes para muchos niños y niñas.

Por qué aparecen

En los primeros meses de vida, los bebés sienten como si ellos y su madre —o figura principal de apego— estuviesen fusionados y fueran una misma persona. No son capaces de diferenciarse de ella. Con el paso de los meses, los bebés empiezan a diferenciarse de la madre, y es en este proceso de diferenciación cuando se estructura la base de su psiquismo: el desarrollo de los procesos mentales, las emociones, las percepciones y las motivaciones.

El objeto transicional representa la transición entre esa fusión con la madre o figura de apego principal y un estado en el que el bebé puede reconocerla como algo externo y separado. Es lo primero que reconoce como área intermedia entre lo que percibe como subjetivo —como parte de sí mismo— y lo objetivo —un objeto que existe, que es real—. Por lo tanto, es este objeto el que puede ayudarles en la transición entre su realidad interna (mi madre y yo como una sola persona) y la realidad externa (los objetos que no son ni mi cuerpo ni mi madre).

Cuál es su función

Además de lo anterior, los objetos de apego cumplen también una función psicológica muy importante. Al representar a la madre y/o a las figuras de apego principales, pueden darles seguridad y regular la ansiedad de separación en su ausencia, aportarles calma y tranquilidad, ayudarles a dormir y ser una fuente de placer. Asimismo, al empezar a darse cuenta de que son seres independientes de su madre, este objeto puede ayudar al bebé a regular la ansiedad que eso le provoca.

Es por todo esto por lo que los objetos de apego se convierten en algo tan valioso y esencial: cumplen funciones muy importantes en los momentos en que el niño más los necesita.

Cuáles son sus características

  • Tiene que ser elegido por el niño o la niña, no puede ser impuesto.
  • Suele tener texturas agradables, suaves y blandas: peluche, almohada, manta, muñeco, trapo, gasa…
  • Con el tiempo coge un olor especial adquirido con el contacto con su piel y el uso continuado. Es recomendable no lavarlo, ya que puede ser rechazado posteriormente al no sentirse identificados con él.
  • Si lo pierden, se recomienda no sustituirlo: tendrían que ser ellos quienes decidieran cambiarlo por otro de su propia elección. Es importante acompañarles en ese proceso, ya que puede resultarles difícil.
  • Al establecerse un vínculo emocional tan fuerte, el objeto y el niño se vuelven inseparables: la mayoría de las veces es necesario dormir con él, llevárselo de vacaciones, al salir a la calle…

Cuándo dejan de utilizarlo

En general, los niños y niñas comienzan a tener su objeto transicional entre los 4 y los 6 meses y suelen ir desprendiéndose de él de forma paulatina en torno a los 3-4 años, aunque en ocasiones pueden llegar a tenerlo hasta los 12 años.

No es que se olviden de su objeto, sino que se produce una pérdida de significación. Esto ocurre a medida que van adquiriendo madurez psicológica, son más independientes y tienen mayor autonomía. Poco a poco, serán capaces de autorregularse sin necesitarlo. En este sentido, es importante respetar su propio proceso y no intentar quitárselo antes de que estén preparados para ello.

¿Lo utilizan todos los niños?

No todos los niños necesitan uno, ya que para algunos su objeto de apego es su propia madre o su figura principal de apego. Simplemente no lo necesitan, y esto no supone ningún problema para su correcto desarrollo psíquico.

Por último, hay niños y niñas que realizan una conducta transicional en lugar de aferrarse a un objeto: repetir una melodía, chuparse el dedo, hacer un sonido repetitivo, tocarse el pelo o alguna parte del cuerpo antes de dormir… Estas conductas son consideradas también fenómenos transicionales y cumplen exactamente las mismas funciones que los objetos.

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