Comprensión profunda de qué hay detrás del uso problemático de la tecnología
Las nuevas tecnologías y las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de niños, adolescentes y adultos. No son el enemigo, pero tampoco son neutrales. Cuando el uso se vuelve compulsivo, cuando las redes sociales se convierten en el principal termómetro de la autoestima, o cuando las pantallas empiezan a sustituir a las relaciones reales, es momento de prestar atención.
Trabajo el uso problemático de las nuevas tecnologías y las redes sociales desde una perspectiva psicológica, explorando qué hay detrás del enganche: qué necesidad emocional cubre, qué evita y cómo está afectando al bienestar, las relaciones y el desarrollo de la persona. El objetivo no es demonizar la tecnología ni imponer restricciones arbitrarias, sino ayudar a construir una relación más consciente, equilibrada y saludable con ella.
Mi experiencia en este campo incluye años de formación y trabajo directo con familias, profesionales y menores sobre el uso y abuso de redes sociales en la infancia y la adolescencia, en colaboración con entidades como Cruz Roja, Colegios Profesionales y la Comunidad de Madrid.
Las redes sociales están diseñadas para enganchar. Sus mecanismos de validación —likes, seguidores, comentarios— activan los mismos circuitos de recompensa que otras conductas adictivas. En adolescentes, cuya identidad y autoestima están todavía en construcción, el impacto puede ser especialmente significativo. Trabajar la relación con las redes sociales implica también trabajar la autoestima, la gestión emocional y la tolerancia a la comparación.
Para adolescentes que muestran un uso excesivo o problemático de las redes sociales o los videojuegos, que experimentan ansiedad cuando no tienen acceso al móvil, o cuya autoestima depende en gran medida de la validación online. También para padres que no saben cómo gestionar el uso de pantallas en casa, y para adultos que sienten que su relación con la tecnología o las redes sociales les genera malestar, comparación constante o pérdida de tiempo y foco.
Hablar de tecnología con un adolescente no es fácil. Prohibir tampoco funciona. Lo que sí funciona es entender qué hay detrás del enganche y trabajarlo desde ahí, con herramientas psicológicas reales y un acompañamiento que no juzga ni criminaliza el uso de la tecnología, sino que ayuda a ponerla en su lugar. Si sientes que tú o alguien de tu familia ha perdido el control sobre el uso de las pantallas, ese es el punto de partida. El acompañamiento está disponible completamente online, desde cualquier lugar de España.
Comprensión profunda de qué hay detrás del uso problemático de la tecnología
Herramientas para construir una relación más consciente y equilibrada con las pantallas
Trabajo específico con adolescentes desde su propio lenguaje y mundo
Orientación a padres para gestionar el uso de tecnología en casa de forma efectiva
Abordaje del impacto de las redes sociales en la autoestima y la identidad
Experiencia contrastada en formación y trabajo clínico en este campo
El uso de pantallas se vuelve problemático cuando interfiere de forma significativa en otras áreas de la vida: el sueño, el rendimiento escolar, las relaciones familiares o sociales, o el estado emocional general. Algunas señales de alerta son: incapacidad para reducir el uso a pesar de querer hacerlo, irritabilidad intensa cuando se limita el acceso, abandono de actividades que antes gustaban, o mentiras para ocultar el tiempo de uso.
Esta es una de las preguntas más frecuentes. El enfoque y el momento importan tanto como el contenido. Hablar desde la prohibición o el miedo suele generar rechazo; hacerlo desde la curiosidad y el interés genuino por su mundo digital abre mucho más la conversación. En consulta trabajamos con los padres estrategias concretas para abordar este tema de forma que el adolescente se sienta escuchado y no atacado.
No de forma inherente. Los videojuegos pueden tener efectos positivos en el desarrollo cognitivo, la coordinación y las habilidades sociales cuando se usan de forma moderada y adecuada a la edad. El problema aparece cuando el uso es excesivo, cuando sustituye a otras actividades necesarias para el desarrollo, o cuando se convierte en la única forma de gestionar el aburrimiento o las emociones difíciles.
La evidencia científica muestra que el uso intensivo de redes sociales está asociado a mayores niveles de ansiedad, depresión y baja autoestima en adolescentes, especialmente en chicas. Esto no significa que las redes sociales sean inevitablemente dañinas, pero sí que el tipo de uso, el tiempo dedicado y el impacto emocional que generan merecen atención. Si notas cambios en el estado de ánimo de tu hijo relacionados con el uso de redes, merece la pena consultarlo.
Para ambos. Aunque el uso problemático de tecnología y redes sociales es especialmente frecuente en la adolescencia, los adultos también pueden desarrollar patrones de uso problemático: uso compulsivo del móvil, comparación constante en redes sociales, dificultad para desconectar, o pérdida de foco y productividad. El abordaje se adapta en cada caso al perfil y las necesidades específicas de la persona.
Es una paradoja aparente que tiene fácil respuesta. La videollamada terapéutica es un uso consciente, activo y con propósito de la tecnología, muy diferente al uso pasivo, compulsivo o evitativo que trabajamos en sesión. De hecho, trabajar online puede ser una oportunidad para modelar una relación diferente con la pantalla: una en la que la tecnología sirve para conectar de verdad con otra persona y con uno mismo.
El precio por sesión es de 65 €. Las sesiones se realizan por videollamada y duran 55 minutos. Están dirigidas tanto a familias como a adolescentes que necesitan orientación sobre un uso saludable de las pantallas y las redes sociales.